Icono del sitio Consulta de Aparato Digestivo: Médico Especialista en Aparato Digestivo y endoscopia. Dr Onofre Alarcón. Santa Cruz de Tenerife. Las Palmas de Gran Canaria.

Quistes de hígado

Cada vez es más frecuente el diagnóstico de quistes de hígado por el uso generalizado de las ecografías abdominales.Con frecuencia los pacientes se preocupan cuando se les hace este diagnóstico. Suelen pensar que se trata de un tumor. Sin embargo las lesiones quísticas del hígado representan un grupo muy variado con distintas causas, prevalencia y síntomas. La mayoría de los quistes hepáticos son descubiertos incidentalmente en estudios de imagen y tienden a tener un curso benigno. Sin embargo, una minoría de estos quistes puede causar síntomas y, en raras ocasiones, están asociados con morbilidad y mortalidad graves. Los quistes más grandes son más propensos a ser sintomáticos y causar complicaciones como hemorragias espontáneas, ruptura en la cavidad peritoneal o el conducto biliar, infecciones y compresión del árbol biliar. Algunos quistes pueden degenerar en un cáncer, y los quistes hidatídicos pueden desencadenar choques anafilácticos. Algunas complicaciones pueden requerir intervención quirúrgica.
Hay controversia sobre la definición y clasificación de las lesiones quísticas hepáticas. Tampoco existe un consenso sobre el tratamiento óptimo para los quistes sintomáticos, aunque se han descrito varias opciones terapéuticas.

La mayor parte de las lesiones quísticas del hígado son los denominados quistes simples del hígado, que contienen líquido claro y no se comunican con el árbol biliar intrahepático. Se encuentran aproximadamente en el 1% de las personas, pero pocos crecen lo suficiente como para causar síntomas. Pueden variar desde unos pocos milímetros hasta lesiones muy grandes que ocupan grandes volúmenes del abdomen. Son más comunes en el lóbulo derecho del hígado y en mujeres.
Algunos pacientes pueden presentar molestias abdominales, dolor o náuseas, lo que ocurre generalmente en quistes grandes. Las complicaciones, como hemorragias espontáneas, infecciones bacterianas, torsión, ruptura u obstrucción biliar, son raras pero también son más frecuentes en quistes grandes.

Distinguir un quiste simple de otros tipos de quistes puede ser difícil, pero es crucial debido a las diferentes implicaciones clínicas de cada lesión.
Los estudios de imagen son esenciales para el diagnóstico. La ecografía es la prueba inicial más útil, ya que normalmente puede diferenciar un quiste simple de otras lesiones quísticas. Los quistes simples se ven en una ecografía como formaciones redondeadas de color negro -anecoicos- con paredes imperceptibles y realce acústico posterior.

Los posibles síntomas que presente el paciente junto con los hallazgos ecográficos suelen ser suficientes para diferenciar un quiste simple de otras lesiones.Puede ser necesario un TAC o una resonancia para confirmar el diagnóstico. Raramente hay que tomar muestras con un biopsia.

Hay otras lesiones hepáticas que pueden tener una apariencia quística, como un absceso hepático, un tumor maligno necrótico, un hemangioma y un hamartoma. La distinción suele basarse en el contexto clínico (por ejemplo, presencia de síntomas) y los hallazgos radiográficos. La aparición de síntomas o el aumento del tamaño del quiste deben levantar sospechas de que se trate de otro tipo de lesiones, ya que la mayoría de los quistes simples permanecen estables en tamaño a lo largo del tiempo.

Para los pacientes asintomáticos con quistes simples, no se requiere intervención ni seguimiento con imágenes, ya que estos quistes no tienen potencial maligno. Para pacientes con quistes hepáticos simples grandes y sintomáticos, se pueden requerir algún tipo de tratamiento. Es importante considerar cuidadosamente si el dolor abdominal está relacionado con el quiste, especialmente si este es grande (≥4 cm) y se han excluido otras causas de dolor.
Se han descrito varios enfoques terapéuticos, como la aspiración con aguja y la inyección de un agente esclerosante, el tratamiento laparoscópica del quiste, el drenaje interno del quiste y la resección hepática. No existen ensayosque comparen estas intervenciones, por lo que la elección del tratamiento depende de factores como la ubicación y tamaño del quiste, las comorbilidades del paciente y sus preferencias.
El tratamiento laparoscópica ha demostrado ser una técnica segura y efectiva para evitar una cirugía abierta. La aspiración percutánea seguida de escleroterapia es una alternativa menos invasiva, aunque las tasas de recurrencia son bajas, y los riesgos, como la toxicidad por etanol, deben ser tenidos en cuenta.

En caso de que le hayan diagnosticado un quiste de hígado, su médico le explicará los pasos a seguir.

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