El sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado (SIBO, por sus siglas en inglés) ha despertado gran interés recientemente tanto entre profesionales médicos como en la población general. Esto se debe al aumento en la disponibilidad de pruebas diagnósticas y a la extensa cobertura en los medios y redes sociales. Dada la gran cantidad de información, a menudo contradictoria, surgió la necesidad de desarrollar un documento conjunto de la Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD) y la Asociación Española de Neurogastroenterología y Motilidad (ASENEM) para discutir información científica actualizada sobre esta patología.
El SIBO se define como la presencia excesiva de bacterias en el intestino delgado. Esto causa una serie de síntomas gastrointestinales inespecíficos como distensión, dolor abdominal, timpanismo, borborigmos, diarrea o estreñimiento y flatulencia. En raras ocasiones, puede manifestarse con desnutrición y deficiencias de vitaminas y minerales. La microbiota de los pacientes con SIBO no se ha caracterizado completamente debido a la gran variabilidad entre individuos y poblaciones. Sin embargo, varios estudios coinciden en una mayor prevalencia de ciertas bacterias en los aspirados yeyunales de individuos con SIBO.
Se han descrito múltiples factores que potencialmente predisponen a la proliferación de microorganismos en el intestino delgado y/o al paso de bacterias del colon hacia el intestino delgado. Son particularmente relevantes la pérdida de barreras que separan físicamente el intestino delgado del colon y las condiciones que afectan la motilidad intestinal. Otras enfermedades también se han asociado con el SIBO, pero no se ha podido establecer un papel patogénico potencial, por lo que actualmente no se puede recomendar su estudio sistemático.
En cuanto a los trastornos funcionales digestivos, algunos estudios han mostrado que en pacientes con síndrome del intestino irritable (SII), la prevalencia de SIBO es mayor para el subtipo con diarrea que para el subtipo con estreñimiento. Sin embargo, existe controversia sobre el papel del SIBO en el origen de estas enfermedades. Hay que destacar que hasta el 20% de los sujetos sanos sin síntomas gastrointestinales pueden tener una prueba de SIBO positiva, por lo que se recomienda no investigarlo en estos casos.
La prueba diagnóstica estándar para el SIBO es el cultivo de aspirado yeyunal, que es concluyente cuando se encuentran más de 10^3 o 10^5 unidades formadoras de colonias por mililitro (UFC/mL). Sin embargo, esta prueba es invasiva y costosa, ya que requiere una gastroscopia o intubación yeyunal, no alcanza el íleon (subestimando así el SIBO distal) y no ha sido estandarizada.
Como alternativa al cultivo de aspirado yeyunal, se puede utilizar una prueba de aliento para diagnosticar el SIBO. Esta es una prueba indirecta de bajo riesgo y bajo costo que evalúa la fermentación bacteriana intestinal después de la administración de un sustrato, midiendo el hidrógeno (H2) y el metano (CH4) en el aire alveolar expirado. La prueba se basa en que las células humanas son incapaces de producir H2 y CH4, por lo que la detección de estos gases en el aliento es un indicador indirecto de la fermentación bacteriana.
La prueba de aliento requiere una preparación previa del paciente que incluye evitar antibióticos durante 2-4 semanas, ayuno, uso de una solución antiséptica para limpiar la cavidad oral inmediatamente antes de la prueba, una dieta baja en fibra y baja en FODMAP durante 24 horas antes de la prueba, abstinencia de fumar, esfuerzos físicos mínimos antes y durante la prueba, y retirada de medicamentos que alteran la motilidad intestinal durante al menos 1 semana antes de la prueba.
Se pueden utilizar dos sustratos distintos: glucosa o lactulosa. La sensibilidad y especificidad de la prueba de aliento con lactulosa son del 42% y 70,6% respectivamente, mientras que las de la prueba de aliento con glucosa son moderadamente más altas, con una sensibilidad del 54,5% y una especificidad del 83,2%, por lo que se recomienda la glucosa sobre la lactulosa.
El tratamiento del SIBO debe basarse en la identificación y corrección (cuando sea posible) de las causas subyacentes para prevenir la recaída de los síntomas y corregir las deficiencias nutricionales. El uso de antibióticos en pacientes con síntomas inespecíficos que fueron diagnosticados con SIBO mediante una prueba de aliento es cuestionable. Aunque las guías de práctica clínica actuales sugieren el uso de antibióticos no absorbibles como la rifaximina, el nivel de evidencia es bajo, con tasas de éxito altamente variables.
Las dietas bajas en FODMAP pueden mejorar temporalmente el meteorismo y la distensión, ya que disminuyen la fermentación de los sustratos dietéticos. Sin embargo, estas son dietas muy restrictivas que a largo plazo pueden tener consecuencias indeseables en el estado nutricional y la microbiota, por lo que no se recomienda su uso en el manejo del SIBO.
En conclusión, el diagnóstico de SIBO requiere una evaluación exhaustiva de los síntomas del paciente, una obtención apropiada de muestras de prueba con el sustrato adecuado y una interpretación correcta de los resultados para realizar un diagnóstico diferencial con trastornos funcionales como el SII u otras condiciones con tiempo de tránsito orocecal acelerado. El tratamiento debe estar dirigido a mejorar el síndrome clínico corrigiendo el trastorno subyacente (cuando sea posible) y las deficiencias nutricionales, en lugar de solo normalizar la prueba de aliento.
En resumen:
1-La mayoría de los pacientes con síntomas inespecíficos como distensión abdominal, meteorismo, flatulencia, diarrea intermitente y otras molestias abdominales no tienen SIBO. Por lo tanto, no se recomienda descartar SIBO en pacientes con problemas digestivos inespecíficos que no tengan factores predisponentes a SIBO.
2- Se debe descartar SIBO solamente en pacientes con factores de riesgo como cirugía intestinal o condiciones que afecten la motilidad, con calidad de vida deteriorada, deficiencias nutricionales o síntomas graves, seleccionando cuidadosamente el método diagnóstico.
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