El esófago de Barrett es una enfermedad en la que el revestimiento normal del esófago se reemplaza por otro tipo de tejido similar al del intestino. Esto ocurre por lo general debido al reflujo ácido crónico. Aunque no todas las personas con Barrett desarrollan cáncer, esta condición es el principal precursor del adenocarcinoma de esófago, un tipo de cáncer con una tasa de supervivencia baja, sobre todo cuando se detecta tarde. Por eso, la detección temprana y la vigilancia regular mediante endoscopias son fundamentales.
La importancia de una endoscopia cuidadosa
El objetivo de la endoscopia en estos pacientes es detectar lesiones precancerosas o cancerosas en etapas muy iniciales, cuando todavía se pueden tratar con procedimientos poco invasivos y sin necesidad de cirugía. Sin embargo, los estudios muestran que entre el 16% y el 37% de los cánceres de esófago se diagnostican dentro del año siguiente a una endoscopia, lo que indica que muchos casos se pasan por alto.
Por eso, la calidad de la endoscopia depende de la preparación adecuada, la técnica minuciosa y la atención a los detalles.
Preparación y puntos clave durante la endoscopia
Antes del procedimiento, el médico y el paciente deben decidir si se usará sedación. Algunos estudios indican que las endoscopias sin sedación, usando instrumentos más delgados, pueden ser igual de efectivas, aunque la mayoría de los pacientes prefieren estar sedados, especialmente si se planea un tratamiento durante el examen.
El primer paso es identificar correctamente el punto de unión entre el esófago y el estómago, llamado unión gastroesofágica. Es importante no confundir un tejido intestinal normal del estómago con Barrett, ya que esto podría llevar a un diagnóstico y vigilancia innecesarios.
Para describir y registrar los hallazgos, se usa la clasificación de Praga, que mide cuánto del esófago está afectado (porción circular y lengüetas de mucosa). Esta información sirve para determinar cada cuánto deben hacerse las revisiones y para guiar futuros tratamientos.
Después de medir y observar, el médico toma biopsias dirigidas de zonas sospechosas y muestras aleatorias cada 2 cm siguiendo el protocolo de Seattle, considerado el estándar actual.
Tiempo y atención en la inspección
La duración del examen influye directamente en la calidad del diagnóstico. Se recomienda dedicar al menos un minuto por cada centímetro de esófago afectado, prestando especial atención a la pared derecha y al segmento superior, donde suelen aparecer las primeras lesiones.
Durante la exploración, se deben limpiar las secreciones con soluciones especiales como simeticona o N-acetilcisteína, que eliminan burbujas y mejoran la visibilidad. Es importante evitar inflar demasiado el esófago con aire, ya que esto puede aplanar las lesiones y hacerlas pasar desapercibidas.
Los estudios han mostrado que cuando los médicos dedican más tiempo a inspeccionar cada zona, la detección de displasia o cáncer temprano aumenta considerablemente.
Cómo reconocer lesiones precancerosas
Las lesiones precancerosas son pequeñas y difíciles de detectar. Suelen presentar cambios sutiles en el patrón del tejido, pequeñas depresiones o elevaciones, o vasos sanguíneos anormales. Cuando se encuentra una lesión visible, se debe clasificar según la clasificación de París, que las agrupa como planas, deprimidas o elevadas. Esta clasificación ayuda a decidir el tipo de tratamiento, ya que las lesiones planas suelen estar confinadas a las capas superficiales y son más fáciles de tratar con métodos endoscópicos.
Técnicas que mejoran la detección
Existen métodos complementarios que ayudan a visualizar mejor el tejido anormal:
- Cromoendoscopia convencional: consiste en aplicar tintes durante el examen. El más útil es el ácido acético, que hace que el tejido normal se vuelva blanco por unos segundos, permitiendo identificar mejor las zonas sospechosas. Si el color desaparece rápidamente, puede ser señal de una lesión. Esta técnica puede aumentar hasta 15 veces la eficacia de las biopsias para encontrar displasia.
- Cromoendoscopia virtual: usa filtros de luz o procesamiento digital para resaltar patrones de vasos y mucosa sin necesidad de tintes. Existen tres sistemas principales:
- Narrow Band Imaging (NBI) de Olympu si-Scan de Pentax Blue Light Imaging de Fujifilm
Cómo mejorar los procedimientos
Una endoscopia de calidad en pacientes con Barrett depende de varios factores:
- Entrenamiento adecuado del médico para reconocer cambios sutiles.
- Suficiente tiempo de examen, especialmente en las áreas de mayor riesgo.
- Uso sistemático de los protocolos y clasificaciones (Seattle, Praga y París) para asegurar consistencia.
- Registro cuidadoso de los hallazgos y toma de biopsias ordenadas y completas.
Aunque las nuevas tecnologías son prometedoras, por ahora el protocolo tradicional sigue siendo el estándar más confiable para la detección temprana del cáncer de esófago.
En resumen, el éxito en la vigilancia del esófago de Barrett no depende solo del equipo, sino sobre todo de la atención minuciosa del médico, el tiempo dedicado a examinar cada zona y el uso correcto de las técnicas de muestreo y clasificación. Detectar a tiempo una lesión puede marcar la diferencia entre un tratamiento curativo sencillo y una enfermedad avanzada con mal pronóstico.
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