Human torso showing stomach, intestines, and surrounding organs

Cambios en el diagnóstico del colon irritable: criterios de Roma V

En el número de mayo de 2026 de la revista Gastroenterology se publican cambios importantes sobre la patología funcional del aparato digesivo.

En el síndrome del intestino irritable, Roma V mantiene los criterios básicos pero define mejor el dolor abdominal, haciéndolo más específico.Aclara la relación con la defecación (puede mejorar, empeorar o cambiar), reduciendo ambigüedad clínica.
Refina los subtipos (SII-D, SII-E, etc.) con criterios más precisos y reproducibles.Introduce algoritmos diagnósticos y enfoque multidimensional (MDCP), consolidando un modelo más estructurado y biopsicosocial

El síndrome de intestino irritable (SII) o colon irritable es un problema digestivo frecuente que provoca dolor o molestias en el abdomen junto con cambios en el ritmo intestinal. Algunas personas tienen diarrea, otras estreñimiento y otras alternan entre ambos. Aunque no es una enfermedad grave ni produce daño visible en el intestino, puede afectar bastante a la vida diaria.

Se trata de un trastorno de funcionamiento del intestino más que de una lesión. Es decir, el intestino no trabaja de forma normal, aunque en pruebas médicas no se vea una causa clara. Aun así, los síntomas son reales y pueden ser molestos.

Para diagnosticar el SII, los médicos no se basan tanto en pruebas complicadas, sino en los síntomas. Aunque hasta ahora se usaban los criterios de Roma IV, esta actualización introduce los nuevos criterios de Roma V, que permiten identificarlo de forma clara.


Criterios diagnósticos del SII (Roma V)

Criterio principalDescripción
Síntoma claveDolor o molestia abdominal recurrente (no constante)
FrecuenciaAl menos 3 días al mes en los últimos 3 meses
InicioLos síntomas empezaron hace al menos 6 meses

Además, debe cumplir al menos 2 de los siguientes:

Criterios asociadosDescripción
Relación con la defecaciónEl dolor o molestia cambia al ir al baño
Cambio en la frecuenciaSe va al baño más o menos veces de lo habitual
Cambio en las hecesCambia la forma o consistencia de las heces

Criterio de apoyo

Criterio adicionalDescripción
No relacionado solo con la menstruaciónLos síntomas no ocurren únicamente con la regla

Además, el dolor o la molestia no debe ser continua, sino que aparece en episodios. Esto ayuda a diferenciarlo de otros problemas digestivos.

El SII es bastante común. Afecta aproximadamente a un 4% de la población mundial, siendo más frecuente en personas jóvenes y en mujeres. Existen varios tipos según el síntoma principal: con estreñimiento, con diarrea, mixto o sin un patrón claro.

En cuanto a las causas, no hay una sola explicación. Se piensa que es un problema en la comunicación entre el intestino y el cerebro. El intestino puede volverse más sensible o moverse de forma irregular. Por ejemplo, algo normal como la presencia de gases puede causar dolor en algunas personas con SII.

También pueden influir distintos factores: haber tenido una infección intestinal previa, el estrés, ciertos alimentos o cambios en las bacterias del intestino. En algunos casos, situaciones emocionales o de ansiedad pueden empeorar los síntomas.

El diagnóstico suele ser clínico, es decir, basado en lo que cuenta el paciente. Solo en algunos casos se hacen pruebas para descartar otras enfermedades, especialmente si hay señales de alerta como pérdida de peso o sangre en las heces.

El tratamiento no es único y se adapta a cada persona. El objetivo principal es aliviar los síntomas y mejorar la calidad de vida.

Uno de los primeros pasos es cuidar el estilo de vida. Hacer ejercicio puede ayudar, aunque su efecto no es muy fuerte. La alimentación también es clave. Muchas personas mejoran al reducir ciertos alimentos que fermentan en el intestino y producen gases. Un ejemplo es la dieta baja en FODMAP, aunque no todos necesitan seguirla.

Los medicamentos se eligen según los síntomas. Para el estreñimiento se usan laxantes o fármacos que ayudan a que el intestino tenga más agua. Para la diarrea, se utilizan medicamentos que ralentizan el tránsito intestinal. Si predomina el dolor, se pueden usar antiespasmódicos o incluso algunos antidepresivos en dosis bajas, que ayudan a reducir la sensibilidad del intestino.

También existen tratamientos dirigidos a las bacterias intestinales, como probióticos o ciertos antibióticos, aunque su eficacia varía según la persona.

Por último, los factores psicológicos son importantes. Terapias como la terapia cognitivo-conductual, la relajación o la hipnosis pueden ayudar, especialmente si el estrés influye en los síntomas.

En resumen, el síndrome de intestino irritable es un trastorno frecuente y complejo en el que intervienen factores físicos y emocionales. No tiene una cura definitiva, pero sí muchas formas de controlarlo. Con un enfoque adaptado a cada persona, es posible mejorar mucho los síntomas y llevar una vida normal.

Onofre Alarcón