El hígado graso o esteatosis hepática se produce por la acumulación excesiva de grasa en el hígado. Engloba distintos problemas que van desde la simple esteatosis sin daño hepático, pasando al acúmulo de grasa con cambios inflamatorios del hígado (la denominada en términos médicos esteatohepatitis) que puede producir a su vez grados variables de fibrosis e incluso finalmente el desarrollo de una cirrosis hepática.

Progresión h graso

La esteatosis y sus variantes son el componente hepático del síndrome metabólico. El síndrome metabólico es la agrupación de diferentes factores de riesgo vascular y metabólico como la obesidad visceral, la hipertensión arterial, la hiperglucemia y el aumento del colesterol o los triglicéridos. En Occidente debido a los malos hábitos alimentarios y a la vida sedentaria cada vez hay más gente con síndrome metabólico y por tanto más esteatosis hepática. Esto está haciendo que el hígado graso se esté convirtiendo en una de las enfermedades hepáticas más frecuentes. Se calcula que hasta un 20-30% de la población de los países occidentales la padece, mientras que la esteatoehepatitis, es decir la inflamación del hígado producida por la esteatosis, puede llegar a afectar al 2-3% de la población.

Numerosos estudios han observado que la prevalencia de la esteatosis, tanto de la esteatosis simple como de la esteatohepatitis, aumenta de manera directamente proporcional al índice de masa corporal (IMC). Esta asociación aparece más con la obesidad visceral o abdominal que con el simple aumento del índice de masa corporal o IMC. La diabetes mellitus tipo 2 es la segunda enfermedad que se asocia con mayor frecuencia con el hígado graso, con prevalencias de hasta el 70% en la población diabética. La dislipemia, sobre todo el aumento de triglicéridos o las cifras bajas del colesterol “bueno” o HDL es otra alteración metabólica que se observa en la mayoría de los casos de esteatosis.

Estos daños se producen porque el exceso de grasa acumulada en el hígado es metabolizada por este órgano y en dicho proceso se originan distintas sustancias tóxicas para el mismo. Es la denominada “teoría de la lipotoxicidad” que viene a decir que el tejido graso está sometido a una especie de inflamación crónica que es nociva para el hígado. Todas estas lesiones en el hígado se producen en ausencia de un consumo crónico de alcohol, ya que si se añade éste estaríamos ante una enfermedad diferente.

Teoría

Se sabe que hay una serie de factores de riesgo para que la grasa en el hígado evolucione en una persona determinada a la aparición de inflamación o esteatohepatitis y a fibrosis. Estos factores son:

  1. -Edad > 45 años
  2. -Índice de masa corporal > 30 kg/m2
  3. -GPT ó ALT > 2 veces su valor normal
  4. -GOT/GPT > 1
  5. -Hipertrigliceridemia
  6. -Presencia de otras enfermedades:diabetes mellitus tipo 2, síndrome metabólico, síndrome de apnea del sueño

Además el incremento que se está produciendo en la prevalencia de la obesidad, diabetes mellitus tipo 2 y síndrome metabólico, tanto en la población adulta como en la infantil de los países desarrollados, hace prever un notable incremento en la prevalencia de la esteatosis en un futuro próximo.

¿Y qué avances recientes hay en el control de esta enfermedad? Este sigue siendo un tema controvertido entre los especialistas. En un número monográfico de noviembre de 2015 sobres enfermedades del hígado la revista Clinical Gastroenterology and Hepatology revisa los últimos avances sobre el hígado graso. Sus recomendaciones son las siguientes:

  • Ejercicio: el ejercicio por sí solo, independientemente de que se pierda o no peso parece producir una mejoría notable en estos pacientes. Los autores recomiendan hacer 120 minutos de ejercicio aeróbico a la semana, como correr o nadar.
  • Dieta: es recomendable una pérdida de peso del 7% o más. Se aconseja una dieta de 1000–1200 calorías al día en mujeres y de 1200-1600 calorías diarias para los hombres con el objetivo de obtener una pérdida de peso de 0.5–1.0 kg a la semana. Por supuesto debe ser una dieta equilibrada para evitar pérdidas de nutrientes.
  • Fármacos: se han estudiado numerosos medicamentos para el tratamiento de la esteatosis incluyendo antioxidantes como la vitamina E, sensibilizadores de la insulina como la pioglitazona y la metformina, fármacos que disminuyen el colesterol y los triglicéridos cono las estatinas y medicamentos citoprotectores como el ácido ursodesoxicólico. Sin embargo solamente un porcentaje limitado de los pacientes responde a estos tratamientos y ninguno ha demostrado ser capaz de disminuir la fibrosis, que es el objetivo terapéutico fundamental.

Después de décadas de estudio la evidencia científica sugiere que únicamente la vitamina E puede ser útil para el tratamiento de los pacientes no diabéticos con esteatosis, pero no hay ningún medicamento que se pueda aconsejar a todos los pacientes. Sin embargo hay que tener en cuenta que la vitamina E puede tener efectos secundarios, no se puede dar en pacientes con diabetes o los que tengan ya una cirrosis y no se ha demostrado que mejore la fibrosis hepática.

Así que como ocurre en tantos otros casos el mejor tratamiento es la prevención: haga una dieta equilibrada, evite el consumo de alcohol y practique ejercicio físico con regularidad.