Durante casi un siglo, los medicamentos para combatir las bacterias, conocidos como antibióticos, han ayudado a controlar y destruir muchas de las bacterias dañinas que nos pueden enfermar. Pero en las últimas décadas los antibióticos han perdido su efectividad contra algunos tipos de bacterias. De hecho, ciertas bacterias ahora son resistentes a las medicinas actuales.

acinetobacter

La resistencia a los antimicrobianos (RAM) pone en peligro la eficacia de la prevención y el tratamiento de una serie cada vez mayor de infecciones por virus, bacterias, hongos y parásitos. La RAM supone una amenaza para la salud pública mundial y requiere medidas por parte de todos los sectores del gobierno y la sociedad.El éxito de la cirugía mayor y la quimioterapia se vería comprometido en ausencia de antibióticos eficaces.La prolongación de la enfermedad, la necesidad de más pruebas y la utilización de fármacos más caros aumentan el costo de la atención sanitaria a los pacientes con infecciones resistentes en comparación con el de los pacientes con infecciones no resistentes. Cada año, 480 000 personas presentan tuberculosis multirresistente, y la farmacorresistencia empieza a complicar también la lucha contra el virus del sida y el paludismo.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha publicado recientemente una lista de 12 familias de bacterias resistentes a los tratamientos actuales y contra las que es urgente desarrollar nuevos antibióticos, debido a su peligrosidad. Dentro de este listado hay algunas que pueden causar enfermedades digestivas como el Helicobacter pylori, algunas salmonelas o las shigellas.

Lamentablemente, la forma en que hemos utilizado los antibióticos está ayudando a crear nuevas “superbacterias” resistentes a los medicamentos.Las bacterias pueden volverse resistentes cuando el paciente no toma correctamente los antibióticos. Las superbacterias son cepas de bacterias resistentes a varios tipos de antibióticos.

Cuando los antibióticos más usuales no funcionan, se recurre a otros tratamientos más caros , que a menudo requieren la hospitalización del paciente.

Las bacterias destacadas por la OMS fueron seleccionadas de acuerdo al grado de severidad de las infecciones que causan, la facilidad con que se propagan y cuántos antibióticos eficaces quedan para hacerles frente. Asimismo, fueron divididas en tres categorías: crítica, alta y media.

La lista de estas bacterias es la siguiente:

Prioridad 1: Crítica

  1. Acinetobacter baumannii, resistente a carbapenem.
  2. Pseudomonas aeruginosa, resistente a carbapenem.
  3. Enterobacteriaceae, resistente a carbapenem.

Prioridad 2: Alta

  1. Enterococcus faecium, resistente a la vancomicina.
  2. Staphylococcus aureus, resistente a la meticilina y la vancomicina.
  3. Helicobacter pylori, resistente a la claritromicina.
  4. Campylobacter spp., Resistente a la fluoroquinolona.
  5. Salmonelas, resistentes a la fluoroquinolona
  6. Neisseria gonorrhoeae, resistente a cefalosporina y a las fluoroquinolonas.

Prioridad 3: Media

  1. Streptococcus pneumoniae, resistente a la penicilina.
  2. Haemophilus influenzae, resistente a la ampicilina.
  3. Shigella spp., resistente a la fluoroquinolona.

Aunque son muchos los factores que favorecen la selección y diseminación de la resistencia a los antibióticos, el uso inapropiado e indiscriminado de los mismos es uno de los factores principales que contribuyen a este fenómeno junto al control deficiente de la infección bacteriana. Las resistencias antibióticas son un grave problema de salud no sólo para Europa, sino también a escala mundial ya que afectan a diferentes sectores como, por ejemplo, la salud humana, la salud animal, la agricultura, el medio ambiente y el comercio.

Existen grandes diferencias en las tasas de consumo de antibioticos entre disti ntos países. En salud humana, según un estudio del European Centre for Disease Prevention and Control (ECDC), se estima que, en un día cualquiera, en torno al 30% de los pacientes ingresados en los hospitales europeos recibe al menos un antibiótico. Este estudio muestra que España se encuentra por encima de la media europea, con unas cifras estimadas del 46%, lo que nos sitúa en quinta posición en cuanto al consumo de antibióticos en Europa a nivel hospitalario.

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El 90% del consumo de antibióticos se produce en atención primaria, donde una tercera parte de las consultas están relacionadas con enfermedades infecciosas y, de ellas, algo más de la mitad están relacionadas con infecciones del tracto respiratorio.Nos enfrentamos a infecciones por bacterias con riesgo de convertirse en clínicamente incontrolables, retornando a la era preantibibiótica tanto en medicina humana como veterinaria.

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