La esofagitis eosinofílica es una enfermedad crónica que se produce por la inflamación del esófago por eosinófilos. Los eosinófilos son un tipo de glóbulos blancos o leucocitos de la sangre, que tienen que ver con enfermedades alérgicas como el asma bronquial.

No se sabe el motivo por el que  la esofagitis eosinofílica es cada vez más frecuente, lo mismo que ocurre con otras enfermedades alérgicas en los países desarrollados.

La esofagitis eosinofílica es considerada un tipo de alergia alimentaria. En los pacientes afectados se acumulan eosinófilos entre las capas de la pared del esófago. Esto hace que la función del esófago, que es transportar el alimento desde la boca hasta el estómago, se vea comprometida causando los síntomas típicos de esta enfermedad que son la disfagia o dificultad para pasar los alimentos desde la boca hasta el estómago  e incluso la impactación del mismo en el esófago.

La esofagitis eosinofílica se diagnostica mediante la realización de una endoscopia con toma de biopsias. La endoscopia permite  hacer el diagnóstico de sospecha si se ven exudados algodonosos, estrías longitudinales o anillos concéntricos en el esófago. Pero siempre se deben tomar biopsias que confirmarán el diagnóstico por la presencia de más de 15 eosinófilos por campo al observar las muestras al microscopio.

En el tratamiento de la esofagitis se utilización inhibidores del ácido y un corticoide local que se llama propionato de fluticasona. Al no existir todavía preparados comerciales específicos para la esofagitis eosinofílica se suelen utilizar los disponibles para el asma o la rinitis alérgica. En lugar de inhalarlos  deben ser tragados, manteniendo al menos una hora de ayuno tras su ingesta para un tiempo de contacto máximo entre el preparado y la mucosa inflamada. Además dado que se trata de una alergia es fundamental llevar una dieta. Hasta hace poco se aconsejaba la denominada dieta de los seis alimentos, recomendando evitar la leche, el trigo, la soja, el huevo, el pescado y los mariscos y los frutos secos. Sin embargo diversos estudios han mostrado que aunque es frecuente que el paciente presente múltiples alergias simultáneamente, la leche de vaca y el trigo son los dos alimentos que con más frecuencia desencadenan la enfermedad. Revisiones recientes parecen sugerir que la alergia a los frutos secos y el pescado y el marisco son poco habituales, con lo que podría no ser necesario retirarlos  en estos pacientes. Esto puede ayudar a las personas afectadas a la hora de decidir qué alimentos elegir para su dieta diaria.

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