Beneficios y riesgos del uso prolongado de los inhibidores de la bomba de protones (IBP)

Los inhibidores de la bomba de protones (IBP) se encuentran entre los medicamentos más utilizados en todo el mundo. Hay varios IBP: omeprazol,pantoprazol, lansoprazol, esomeprazol, rabeprazol y dexlansoprazol. Los IBP inhiben la secreción de ácido gástrico al unirse al sistema enzimático hidrógeno-potasio adenosina trifosfatasa en las células parietales. A menudo se usan como tratamiento empírico para múltiples síntomas que incluyen acidez, dolor en el pecho, regurgitación, tos crónica, ronquera, sensación de nudo en la garganta, náuseas, dispepsia y dolor abdominal. Generalmente, el tratamiento  recomendado con IBP varía de dos a ocho semanas, con el uso a largo plazo reservado para algunas enfermedades. Sin embargo, se estima que más del 25% de los pacientes a quienes se les prescribe un IBP lo utilizan continuamente durante más de un año. Además los pacientes pueden usar IBP por su cuenta debido a que no necesitan receta médica.

Hay una serie de enfermedades en las que sí es preciso el uso a largo plazo de los IBP:

-Enfermedad por reflujo gastro esofágico  no erosiva o esofagitis grado B de Los Ángeles con síntomas continuos que responden al IBP

-Tratamiento de mantenimiento para esofagitis erosiva severa curada (esofagitis grado C-D de Los Ángeles)

-Estenosis péptica

Esófago de Barrett

Esofagitis eosinofílica

-Síndrome de Zollinger-Ellison

-Fibrosis pulmonar idiopática

-Pacientes consistorial de úlcera péptica que  no pueden suspender los antiinflamatorios no esteroideos, agentes antiplaquetarios o anticoagulantes. 

-Pacientes que requieren terapia antiplaquetaria y tienen antecedentes de hemorragia digestiva, necesidad de terapia antiplaquetaria dual o anticoagulación,un edad avanzada (>60 años) y uso crónico de esteroides.

Por lo tanto aunque el uso de IBP es común, solamente hay algunos caso en que esté justificado su uso a largo plazo. Si es así se debe utilizar la dosis más baja posible necesaria para tratar los síntomas del paciente y la condición subyacente.

 Aunque los IBP a menudo se asocian con efectos secundarios, estas posibles asociaciones se basan en gran medida en estudios de baja calidad con limitaciones inherentes y no establecen una causalidad definitiva. Los síntomas que se han atribuido a los IBP incluyen dolor de cabeza, dolor abdominal, náuseas, diarrea, vómitos y flatulencia; sin embargo, estos son poco comunes, relativamente leves y generalmente se resuelven cuando se suspende la medicación. Otras asociaciones descritas incluyen infecciones entéricas (por ejemplo, Clostridium difficile), enfermedad renal crónica, nefritis intersticial aguda, deficiencia de vitamina B12, hipomagnesemia, gastritis atrófica, osteoporosis, neumonía adquirida en la comunidad, accidente cerebrovascular, demencia, ataque cardíaco e incluso muerte prematura. Sin embargo la evidencia científica disponible han demostrado resultados contrarios. Aunque estas asociaciones específicas son a menudo exageradas por los medios de comunicación, tienden a basarse en estudios observacionales retrospectivos de baja calidad y suelen estar limitadas por factores de confusión y otros sesgos analíticos, sin establecer una causalidad definitiva. En la mayoría de estos estudios, la asociación es modesta y el riesgo absoluto para los pacientes es pequeño, dado que la rareza de estos eventos adversos es general. Muchas de estas asociaciones tampoco tienen un mecanismo de acción plausible. En pacientes cuidadosamente seleccionados con una indicación apropiada, la evidencia científica ha demostrado que los beneficios del uso a largo plazo de IBP superan sustancialmente los posibles riesgos.

En general, no se recomienda realizar pruebas de laboratorio de rutina en pacientes con uso prolongado de IBP. Podría considerarse en casos selectos: a creatinina en aquellos con enfermedad renal crónica o pruebas de vitamina B12 y magnesio en aquellos con factores de riesgo para estas deficiencias. La evaluación de la densidad mineral ósea puede considerarse en pacientes que cumplan con las pautas de detección para osteopenia/osteoporosis o en aquellos con factores de riesgo para estas condiciones.

En resumen no hay ninguna evidencia científica que demuestre que se deba limitar el uso de omeprazol y sus derivados cuando su indicación es correcta por miedo a sus posible efectos secundarios.

Onofre Alarcón