¿Qué son los pólipos gástricos?
Los pólipos gástricos son pequeños bultos o protuberancias que crecen en la mucosa del estómago. Se descubren frecuentemente de forma casual durante una endoscopia. Aunque su sola presencia puede generar preocupación, la gran mayoría son benignos y no representan un riesgo grave para la salud.
Existen varios tipos, y cada uno tiene características, causas y riesgos distintos. Los más comunes en países occidentales como España o Estados Unidos son los pólipos de glándulas fúndicas y los pólipos hiperplásicos, que juntos representan entre el 70% y el 94% de todos los pólipos gástricos.
Una guía actualizada revisa cómo deben tratarse y seguirse.
¿Cuáles son los tipos principales?
Pólipos de glándulas fúndicas: Son los más frecuentes actualmente. Aparecen sobre todo en personas que toman omeprazol u otros protectores de estómago (llamados inhibidores de la bomba de protones o IBP) durante tiempo prolongado. En general son benignos y no requieren tratamiento ni seguimiento, salvo que sean grandes o múltiples. Si el médico los detecta y el paciente toma IBP con una indicación válida, no es necesario suspender el medicamento.
Pólipos hiperplásicos: Están relacionados principalmente con la infección por la bacteria Helicobacter pylori. La buena noticia es que, si se elimina esta bacteria con antibióticos, los pólipos suelen desaparecer por sí solos en muchos pacientes. Tienen un riesgo bajo pero no despreciable de volverse malignos, especialmente si miden más de 2 cm.
Adenomas gástricos: Son los de mayor preocupación, ya que tienen un potencial real de convertirse en cáncer. Son menos frecuentes, pero requieren extirpación y seguimiento endoscópico periódico. El riesgo aumenta con el tamaño del pólipo.
Tumores neuroendocrinos gástricos (G-NETs): Son poco frecuentes. Los de tipo 1 y 2 suelen ser pequeños y de buen pronóstico, mientras que los de tipo 3 son más agresivos y requieren evaluación especializada.
¿Cómo se detectan y evalúan?
Cuando se encuentran pólipos durante una endoscopia, el médico debe examinar con cuidado tanto el pólipo como el tejido que lo rodea. Para ello se usan técnicas de imagen avanzadas que mejoran la visibilidad de la mucosa del estómago, permitiendo detectar alteraciones sutiles que podrían pasar desapercibidas con luz blanca convencional.
Es importante también tomar pequeñas muestras de tejido (biopsias) de distintas zonas del estómago para analizar si hay infección por H. pylori, atrofia de la mucosa o metaplasia intestinal (un cambio en el tejido que puede ser precursor de cáncer).
¿Cuándo y cómo se extirpan?
La decisión de extirpar un pólipo depende de su tipo, tamaño y aspecto. En general:
Los pólipos muy pequeños (menores de 3 mm) pueden eliminarse con pinzas de biopsia.
Los de tamaño mediano (4 a 9 mm) se extraen con un lazo metálico llamado «asa fría».
Los más grandes (más de 10 mm) requieren técnicas más avanzadas como la resección mucosa endoscópica o la disección submucosa endoscópica, y a veces es necesario derivar al paciente a un especialista con más experiencia.
La guía recomienda extirpar cualquier pólipo solitario en el mismo momento en que se descubre, para obtener tanto el diagnóstico como el tratamiento de forma inmediata.
¿Qué seguimiento se necesita después?
El seguimiento depende del tipo de pólipo y de lo que se encuentre en el tejido circundante:
Pólipos de glándulas fúndicas sin alteraciones: generalmente no necesitan control posterior.
Pólipos hiperplásicos o adenomas con displasia leve (cambios celulares anormales pero no cancerosos): endoscopia de control al año.
Displasia grave o de alto grado: control más estrecho, a los 6 meses.
Si la extirpación fue incompleta, los controles son más tempranos: 3 meses para displasia grave y 6 meses para displasia leve.
Además, si en las biopsias del tejido circundante se detecta metaplasia intestinal o gastritis atrófica, también se recomienda vigilancia endoscópica periódica, ya que estas condiciones aumentan el riesgo de cáncer gástrico.
En resumen
Los pólipos gástricos son hallazgos frecuentes, pero no todos son iguales ni representan el mismo riesgo. Una evaluación endoscópica cuidadosa, la toma de biopsias adecuadas, el tratamiento de la infección por H. pylori cuando existe, y un seguimiento adaptado a cada caso son las claves para manejarlos correctamente y prevenir el desarrollo de cáncer de estómago.
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