Relación entre el cerebro y el tubo digestivo

Mucha gente relaciona sus problemas digestivos con situaciones de estrés importantes o con acontecimientos que han influido de forma decisiva en su vida. Es aún común la creencia entre los pacientes de que las úlceras y la gastritis son producidas por el estrés. El descubrimiento del Helicobacter pylori en los años ochenta del pasado siglo descartó para siempre esa teoría. Hoy día se sabe que casi todas las úlceras son causadas por el Helicobacter o por los antiinflamatorios, pero no por situaciones de estrés. Sin embargo todos hemos sentido con frecuencia una sensación desagradable que a veces los pacientes definen como un “nudo en el estómago” o la necesidad decir al baño con urgencia tras una situación especialmente estresante.

Se sabe que en la aparición del síndrome de intestino irritable y otras enfermedades funcionales del tubo digestivo influyen numerosos factores entre los que se encuentra no solamente el estrés sino también alteraciones de los neurotransmisores o de la flora bacteriana intestinal. El cerebro y el tubo digestivo se comunican constantemente tanto mediante señales transmitidas a través del sistema nervioso como por mediadores químicos, esté uno despierto o dormido. El tubo digestivo –esófago, estómago, intestino delgado e intestino grueso – le envía mensajes frecuentemente al cerebro para que éste sepa cómo se siente –lleno tras una comida, necesitando ir al baño, etc-. A su vez el cerebro envía información al tubo digestivo para ayudarlo a tener un funcionamiento correcto y adaptarse a las diferentes situaciones vitales. Estos mensajes desde el cerebro regulan la actividad inmune, las contracciones musculares y la secreción de distintos fluidos dentro del tubo digestivo.

Cuando algo altera el cerebro o el sistema nervioso durante un tiempo prolongado, como situaciones de estrés grave , emociones negativas fuertes, falta de sueño, infecciones o procesos inflamatorios el cerebro percibe sensaciones procedentes del tubo digestivo más fuertes de lo habitual y puede comenzar a enviar señales inadecuadas que alteran el funcionamiento intestinal.

Si se produce esta alteración algunos tratamientos que actúan sobre el eje cerebro-tubo digestivo como la terapia cognitivo conductual o determinados medicamentos que influyen sobre el cerebro pueden ser útiles para ayudar a éste  a recuperar el control sobre el tubo digestivo.