Microscopic pollen grains with textured white dots amidst dark fibrous material

Hepatitis C crónica: cribado y diagnóstico

La hepatitis C crónica es una infección del hígado que suele pasar desapercibida durante años, ya que la mayoría de las personas infectadas no presenta síntomas. Por eso, hacer pruebas de detección es fundamental para encontrar a las personas infectadas antes de que la enfermedad progrese y provoque daños graves como cirrosis o cáncer de hígado.

A quién hacer el cribado

Se recomienda que todos los adultos se hagan al menos una vez en la vida una prueba de hepatitis C, independientemente de si tienen o no factores de riesgo conocidos. Esta recomendación se basa en tres motivos principales: el tratamiento actual es muy eficaz y bien tolerado (cura a más del 95% de los pacientes), la prueba en sí tiene pocos riesgos, y limitarse a analizar solo a personas con factores de riesgo conocidos deja a muchas personas sin diagnosticar. De hecho, estudios muestran que buena parte de los pacientes no recuerda haber tenido una exposición de riesgo o no la declara, y que incluso entre personas con antecedentes claros de riesgo (como consumo de drogas inyectadas), muchas nunca se han hecho la prueba.No detectar la infección a tiempo tiene consecuencias reales: en un estudio, un 17% de las personas fueron diagnosticadas ya con cirrosis o con complicaciones hepáticas graves, a pesar de haber acudido regularmente al médico en los años previos. Un diagnóstico tardío se asocia a más hospitalizaciones, más cáncer de hígado y mayor mortalidad.Además del cribado universal en adultos, hay grupos que deben repetirse la prueba periódicamente (cada 6-12 meses aproximadamente) porque siguen expuestos al riesgo de contagio: personas que se inyectan drogas, pacientes en diálisis, hombres que tienen relaciones sexuales con hombres y que tienen VIH o toman profilaxis preexposición, y parejas sexuales estables de personas con hepatitis C. También se recomienda analizar a las embarazadas en cada embarazo, ya que esto ayuda a planificar el seguimiento del bebé, aunque el tratamiento no se administra durante el embarazo.Asimismo, debe realizarse la prueba a cualquier persona con signos de enfermedad hepática (por ejemplo, alteraciones en las enzimas del hígado o cirrosis) o con ciertas manifestaciones asociadas a la hepatitis C, como algunas erupciones cutáneas específicas, problemas renales, articulares o de la sangre sin otra causa clara.

Cómo se diagnostica

El diagnóstico se hace en dos pasos. Primero se realiza una prueba de anticuerpos contra el virus, que puede hacerse en un laboratorio, mediante pruebas rápidas en el propio centro de salud, o incluso con kits de autotoma en casa.

  • Si esta primera prueba es negativa, generalmente se descarta la infección crónica y no hace falta hacer más pruebas. La excepción son las personas con el sistema inmunitario muy debilitado (por ejemplo, por VIH avanzado) o en diálisis, que a veces no generan suficientes anticuerpos detectables aunque estén infectadas; en estos casos puede ser necesario hacer directamente la prueba del virus.Si la prueba de anticuerpos es positiva o dudosa, debe confirmarse con una segunda prueba que detecta directamente el material genético del virus (el ARN viral) en sangre. Solo si esta segunda prueba también es positiva se confirma que la persona tiene el virus activo; si es negativa, generalmente significa que la persona tuvo el virus en el pasado pero lo eliminó de forma espontánea o mediante tratamiento anterior, o que la primera prueba fue un falso positivo.

Es importante entender que tener anticuerpos positivos no significa necesariamente tener la infección activa: una vez que el cuerpo genera anticuerpos, estos suelen permanecer detectables de por vida, incluso después de curarse. Por eso el diagnóstico de infección activa siempre requiere la segunda prueba (la del virus), y no basta con la de anticuerpos.En zonas con recursos limitados donde no se puede hacer la prueba del ARN viral, existe una alternativa algo menos precisa que detecta una proteína del virus (antígeno del núcleo viral).

Después del diagnóstico

Una vez confirmada la infección crónica, el paso más importante es evaluar el grado de daño hepático y conectar a la persona con atención médica para iniciar el tratamiento cuanto antes, ya que uno de los mayores obstáculos para controlar esta enfermedad es precisamente que muchos pacientes diagnosticados no llegan a completar el seguimiento ni el tratamiento.

Tratamiento de la hepatitis C crónica
La hepatitis C crónica se trata hoy en día con antivirales de acción directa (DAA), medicamentos orales que se toman durante 8 a 12 semanas, según el fármaco. Dos de los más utilizados son sofosbuvir-velpatasvir (12 semanas) y glecaprevir-pibrentasvir (8 semanas), válidos para cualquier genotipo del virus. Estos tratamientos son muy eficaces, con tasas de curación superiores al 95%, y generalmente bien tolerados, con pocos efectos secundarios importantes.
La curación se confirma comprobando que el virus sigue sin detectarse en sangre 12 semanas después de terminar el tratamiento. Curarse no protege frente a una reinfección futura si la persona vuelve a exponerse al virus, por lo que quienes mantienen factores de riesgo deben seguir haciéndose pruebas periódicamente tras el tratamiento.

Onofre Alarcón