La diverticulitis aparece cuando pequeñas bolsas que se forman en la pared del colon, llamadas divertículos, se inflaman. Es una enfermedad frecuente, pero tener divertículos no significa necesariamente que se vaya a desarrollar diverticulitis. De hecho, solo una pequeña proporción de las personas con divertículos llega a presentar un episodio. La mayoría de los episodios de diverticulitis son leves y no complicados. La forma complicada, que puede producir un absceso, una perforación, una obstrucción o una comunicación anormal con otros órganos, es menos frecuente y aparece sobre todo durante el primer episodio.
Diagnóstico
La guía publicada en 2026 por el American College of Gastroenterology destaca que los síntomas por sí solos no permiten diagnosticar con suficiente seguridad una diverticulitis. Por ello, especialmente en el primer episodio o cuando los síntomas son importantes, el TAC abdominal es la prueba fundamental. Permite confirmar que realmente se trata de diverticulitis, descartar otras enfermedades, conocer su gravedad y detectar complicaciones.
Después de recuperarse, la necesidad de una colonoscopia depende de la situación. Si la diverticulitis fue complicada, se recomienda realizarla para descartar que detrás del episodio exista un cáncer o una lesión precancerosa. Si fue no complicada, no es necesario hacerla sistemáticamente si el paciente está correctamente al día con el programa de prevención del cáncer de colon y no presenta síntomas de alarma. Sí debe considerarse si existen pérdida de peso, sangre en las heces, anemia, cambios importantes del ritmo intestinal o dolor persistente. La colonoscopia debe retrasarse aproximadamente 6-8 semanas después del episodio agudo.
Antibióticos: el cambio más importante
Uno de los principales cambios es que los antibióticos ya no deben utilizarse de forma rutinaria en todos los pacientes con una diverticulitis aguda leve y no complicada.
En personas sanas, estables, sin complicaciones, que pueden beber y comer, no están inmunodeprimidas y pueden ser controladas adecuadamente, los antibióticos no parecen acelerar la recuperación ni disminuir de forma significativa las complicaciones, las operaciones o las recaídas.
Sí deben considerarse cuando existen factores de mayor riesgo: inmunodepresión, edad avanzada o fragilidad, enfermedades importantes asociadas, vómitos, empeoramiento de los síntomas, incapacidad para alimentarse, marcadores inflamatorios muy elevados o determinados hallazgos en la TAC.
Alimentación y prevención
La recomendación actual se aleja claramente de algunas antiguas restricciones. No es necesario evitar frutos secos, semillas, maíz ni palomitas, ya que no se ha demostrado que aumenten el riesgo de diverticulitis.
Después de recuperarse, se aconseja una alimentación saludable, rica en frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y fibra, y con menos carne roja, alimentos ultraprocesados, grasas poco saludables y dulces. También pueden ayudar a disminuir el riesgo de nuevos episodios mantener un peso saludable, hacer ejercicio con regularidad, no fumar, limitar el consumo excesivo de alcohol y evitar el uso habitual de antiinflamatorios cuando no sean necesarios.
Probióticos y rifaximina: no han demostrado prevenir la diverticulitis
Este es uno de los mensajes más claros de la nueva guía y es especialmente relevante porque probióticos y rifaximina se han utilizado con frecuencia con la intención de prevenir las recaídas.
La guía recomienda no utilizar probióticos para reducir el riesgo de nuevas diverticulitis. La evidencia disponible no demuestra un beneficio convincente. En un ensayo clínico en pacientes que habían tenido una diverticulitis confirmada mediante TAC, la combinación de probióticos y mesalazina, la mesalazina sola y el placebo obtuvieron resultados similares respecto a la aparición de nuevas diverticulitis durante un año. Por tanto, no hay pruebas suficientes para recomendar probióticos como tratamiento preventivo.
La conclusión respecto a rifaximina es igualmente importante. Aunque algún estudio pequeño había sugerido que tomar rifaximina periódicamente junto con fibra podía reducir las recurrencias, la calidad de esa evidencia es muy limitada. El estudio principal tenía pocos pacientes, no era ciego, presentó problemas en la definición de los resultados y tuvo que interrumpirse antes de tiempo por dificultades para reclutar participantes. Otros datos disponibles presentan importantes limitaciones metodológicas.
Por ello, la guía concluye que la evidencia actual no respalda el uso de rifaximina para prevenir nuevos episodios de diverticulitis. Además, hay que tener en cuenta el coste y la carga de realizar tratamientos antibióticos repetidos sin un beneficio claramente demostrado.
Es importante diferenciar esta situación de otras enfermedades digestivas en las que probióticos o rifaximina pueden tener indicaciones concretas: la evidencia obtenida en otras enfermedades o en la enfermedad diverticular sintomática no puede extrapolarse directamente a la prevención de la diverticulitis.
¿Es frecuente que se repita?
Sí. Tras un primer episodio que no haya precisado cirugía, aproximadamente 2 de cada 10 personas pueden presentar otro episodio en los siguientes diez años. Después de un segundo episodio, la posibilidad aumenta considerablemente. Sin embargo, tener nuevos episodios no significa que cada vez sean más graves. De hecho, el riesgo de una diverticulitis complicada es mayor en el primer episodio y disminuye posteriormente.
Además, más de un tercio de los pacientes puede mantener durante meses o años dolor abdominal o alteraciones del ritmo intestinal aunque la inflamación haya desaparecido.
Cirugía y tratamientos preventivos
La cirugía ya no debe recomendarse simplemente porque el paciente haya tenido dos, tres o un determinado número de episodios, ni por ser joven. Se plantea individualmente cuando las recaídas afectan de manera importante a la calidad de vida.
En resumen: la nueva visión de la diverticulitis es menos intervencionista: confirmar bien el diagnóstico, reservar los antibióticos para pacientes de mayor riesgo, abandonar restricciones dietéticas innecesarias, fomentar un estilo de vida saludable y decidir la cirugía según el impacto de la enfermedad en cada paciente. Y, de forma muy destacada, no recomendar probióticos, mesalazina ni rifaximina como estrategias para prevenir las recurrencias, porque los ensayos disponibles no han demostrado un beneficio suficiente
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