Es muy habitual que los pacientes con colon irritable o síndrome de intestino irritable -SII- relacionen sus síntomas con el consumo de determinados alimentos. Esto puede ser debido a que en el colon irritable hay tanto una mayor sensibilidad visceral -y por tanto gases normales pueden llegar a producir dolor- como trastornos del movimiento del intestino grueso. Por este motivo cuando los pacientes acuden a la consulta generalmente llevan meses con numerosas restricciones dietéticas, en la creencia de que son determinados alimentos los que les producen los síntomas.Por eso es muy habitual que se hayan realizado distintas pruebas de “intolerancias alimentarias”.

El síndrome de intestino irritable se define como la presencia de dolor abdominal recurrente al menos tres días al mes en los últimos tres meses junto con dos o más de los siguientes síntomas : mejora al evacuar y cuyo  inicio se asocia con un cambio en la frecuencia  y/o con un cambio en la forma de las deposiciones.

En los pacientes con SII es importante descartar los denominados síntomas de alarma: sangrado rectal, pérdida de peso, anemia ferropénica sin causa justificada, síntomas nocturnos o historia familiar de cáncer de colon, enfermedad inflamatoria intestinal o enfermedad celiaca. En estos casos es necesario hacer pruebas endoscópicas.

El papel de las alergias alimentarias en el colon irritable no está claro. Aunque podrían tener alguna relación con la aparición de los síntomas, no hay ningún método fiable para identificar en qué pacientes juegan un papel relevante las alergias alimentarias . La determinación de las inmunoglobulinas contra antígenos específicos de algunos alimentos y la eliminación de la dieta de los mismos no ha demostrado su utilidad clínica.

Alrededor del 20% de la población presenta en su vida una reacción adversa a un alimento, según la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN). Esto ha hecho que proliferen estudios que mediante análisis de sangre, como es el test Alcat, estudios de ADN o el método Voll pretenden localizar el origen del problema, los alimentos a los que supuestamente somos intolerantes. La Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEIAC) considera que no existe suficiente evidencia científica como para avalar este tipo de pruebas. Tampoco los análisis mediante electroacupuntura ofrecen datos médicamente fiables.

En realidad los tests de intolerancias alimentarias confirman la existencia de contacto con un determinado alimento, pero no su intolerancia. Sólo tres intolerancias alimentarias cuentan con base científica para diagnosticarse médicamente: las pruebas médicas de intolerancia a la lactosa y la fructosa y las pruebas de diagnóstico de celiaquía.

Otros métodos que se usan paa evaluar alergias a alimentos como los test cutáneos, test de RAST y las pruebas de alergia mediante parches en la piel no han sido validados en los pacientes con colon irritable.

Por tanto sólo tres intolerancias son diagnosticables mientras los anuncios de los test hablan de hasta 600 alimentos analizables. Entre las pruebas sin base científica basadas en el análisis de sangre destaca el test Alcat, que se publicita como “el único test de intolerancia alimentaria que está aprobado por la Agencia americana de Alimentos y Medicamentos (FDA)” y cuyo diagnóstico ayudaría a tratar “casos de sobrepeso, alteraciones gastrointestinales, dermatológicas, migrañas, etc”. Esta prueba estudia el comportamiento de nuestras células sanguíneas frente a los 100 alimentos ( cuesta entre 200 y 350 euros) y 20 aditivos (450 euros) más habituales en nuestra alimentación. La Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica rechaza abiertamente sus resultados: “Esa relación de causalidad es puramente hipotética y carece de base científica”. “No se ha demostrado que tener un determinado nivel de inmunoglobulina G (IgG) frente a un alimento sea una intolerancia”. En realidad los supuestos resultados de intolerancia a los alimentos mediante la medición de IgG como el test de Alcat representan tan sólo una respuesta inmune normal a la comida

Si embargo sí se ha podido demostrar científicamente que hay algunos alimentos , denominados FODMAP -el acrónimo en inglés de oligosacáridos, disacáridos y monosacáridos fermetables y polioles- que desencadenan o empeoran los síntomas de los pacientes con colon irritable.

Estos carbohidratos de cadena corta se encuentran en  alimentos que pueden ser difíciles de digerir para algunas personas. Cuando las moléculas son mal absorbidas en el intestino delgado  continúan su camino a lo largo del tubo digestivo y llegan al intestino grueso, donde actúan como fuente de alimento para las bacterias que viven normalmente en el colon, la flora bacteriana.  Las bacterias al fermentar estos FODMAPs pueden causar síntomas como hinchazón y distensión abdominal, gases (flatulencia), dolor abdominal, náuseas, cambios en los hábitos intestinales (diarrea, estreñimiento o una combinación de ambos), y otros síntomas gastrointestinales .

Diversos estudios han demostrado una mejoría en los síntomas de SII con la restricción de alimentos FODMAP.

Una dieta sin FODMAP debe ser establecida bajo la supervisión de un dietista experto, porque de lo contrario se puede llegar a producir un déficit importante de nutrientes y vitaminas. Un método que se suele usar es eliminar todos los alimentos FODMAP de seis a ocho semanas hasta que desaparezcan los síntomas para posteriormente reintroducirlos de forma gradual con el objetivo de intentar determinar la tolerancia individual a carbohidratos fermentables específicos.

Alimentos ricos en FODMAP

  • Oligosacáridos: fructanos y galactooligosacáridos: trigo, cebada, centeno, cebolla, puerro, la parte blanca del cebollino, ajo, chalota, alcachofa, remolacha, hinojo, guisantes, endivias, pistachos, anacardos, leguminosas, lentejas y garbanzos
  • Disacáridos: lactosa, contenida por ejemplo en productos lácteos :la leche, el pudding, el helado y el yogur, suero de leche, chocolate, salsas de queso/nata, helado, leche (vaca, cabra, oveja, condensada, evaporada) quesos suaves (requesón, ricota, queso de untar, mascarpone, quark) crema agria.
  • Monosacáridos: fructosa libre (isómero de la glucosa), contenida en la manzana, la pera, el mango, las cerezas, la sandía, los espárragos,  la miel y el jarabe de maíz rico en fructosa
  • Polioles: sorbitol, manitol, maltitol y xilitol, contenidos por ejemplo en la manzana, pera, albaricoque, cerezas, nectarina, aguacate, cereza, lichi, papaya, nectarina, pasa, sandía,melocotón, chirimoya, caqui,ciruelas, setas, coliflor, pimiento verde, coliflor, champiñón, maíz dulce,chicles, caramelos de menta y las golosinas sin azúcar .Edulcorantes: sorbitol (420),mannitol (421), isomalt (953) maltitol (965),xilitiol (967)

Las universidades y escuelas de Medicina más prestigiosas del mundo aconsejan seguir una dieta baja en FODMAPs a los pacientes con colon irritable

 

Para saber más

  1. Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica
  2. Fundación Española del Aparato Digestivo
  3. Universidad de Harvard
  4. Universidad de Stanford
  5. Página específica sobre dieta FODMAP -en inglés-
  6. Universidad Monash -Australia-